martes, 29 de abril de 2008

Tenía que ser el ¡Cine Independiente!

En un escenario oscuro y urbano, adentrado en una de las tribus juveniles más autóctonas de los Estados Unidos, como es el skateboarding, Paranoid Park refleja en un sencillo y penetrante plano la vida de Alex (Gave Nevins), un joven patinador, luego de causar un accidente fatal. El film se sumerge en la psicología del adolescente, que se siente identificado con el Parque Paranoico, un espacio público de Portland que atrae a los aficionados del skate y donde se mezclan todo tipo de culturas y experiencias, y es el punto de partida de la noche que cambiará su vida.
Gave Nevins ejemplifica, en su interpretación correcta y sin mayores esfuerzos de actuación, la vida de un joven melancólico por la separación de sus padres que vive sin sobresaltos por los problemas del exterior hasta que un día un infortunio sacude todo su universo y se convierte en su karma. Alex emprende una típica aventura adolescente y, sin intenciones, termina siendo responsable del asesinato de un guardia de seguridad de una zona lindera al lúgubre Paranoid Park. De ahí en más, la culpa y el remordimiento lo van haciendo cada vez más solitario y misterioso, mientras que él decide no contarle a nadie. En ese mundo, los adultos aparecen muy lejanos a la solución que finalmente encuentra para liberar el peso con el que cargaba.
La obra de Gus Van Sant detiene muchas escenas en un completo silencio que permite que el espectador comprenda, en ese mismo momento, el sentimiento del protagonista de ser el único dentro de un cosmos de remordimiento. Acompañada por imágenes de skaters en acción, pero en cámara lenta, y primeros planos del actor principal, la película ofrece un ritmo pausado que se complementa de manera efectiva con una adecuada banda sonora.
Son 85 minutos de una especie de hipnosis justa que, si demorara un poco más, sería exhaustiva. El director acierta en la intensidad de ciertos momentos de tensión y triunfa en la combinación de colores, sonidos y objetos que se personifican hasta pasar al primer plano, como ser las tablas de skate, que dan a ese mundo, desconocido para muchos, un gran contenido estético.