La soberanía de Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, es un tema del pasado, del presente y del futuro. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner suspendió el pasado domingo su programado viaje a Londres, donde iba a participar de la cumbre de gobiernos progresistas organizada por el primer ministro británico, Gordon Brown. En esa oportunidad, la Jefa del Estado tenía previsto plantear la cuestión en una reunión informal con el líder laborista, pero, debido al agravamiento en el conflicto rural, decidió permanecer en el país hasta nuevo aviso.
El tratamiento del diferendo con el Reino Unido se reinició con una estrategia de seducción del gobierno menemista de los 90 que intentaba enfatizar la reconciliación luego de la guerra, a través de halagos a la Reina de Inglaterra y convenios bilaterales. A partir de ese momento, en repetidas ocasiones Argentina buscó abrir el diálogo en base a la resolución 2065 de las Naciones Unidas (1965), que establece que ambos gobiernos deben negociar sobre el archipiélago austral, con una solución pacifica que tenga en cuenta los intereses de los malvinenses.
En vísperas a los actos conmemorativos del 2 de abril del año pasado, el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner se endureció en el reclamo y anunció la cancelación de un acuerdo bilateral de cooperación petrolera y sanciones para las empresas que exploren en el área en disputa; reacción que disgustó a la contraparte. Luego, en diciembre de 2007, el ex vicecanciller Roberto García Moritán se reunió con Bob Blizzard, un miembro del parlamento inglés que había viajado a la Argentina para asistir a la celebración del traspaso de mando presidencial, y le manifestó la necesidad de que Londres abandone la postura que niega reanudar negociaciones acerca de la soberanía.
Sin embargo, a pesar de todos los intentos, aún no se ha logrado una respuesta innovadora por parte de la potencia extranjera.
