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Pocos pueden hablar mal de Pink Floyd con justificación, sin entrar en el área de gustos y preferencias. La banda británica ha logrado a través de los años la excelencia, la extrema prolijidad para amalgamar todos sus componentes, casi como si fuera una densa tesis doctoral que repara en todos los detalles. Pink Floyd no es sólo una banda musical surgida del underground que, como otras, logró el reconocimiento mundial. Pink Floyd es cosecha de arte, música con contenido filosófico, experimentación sónica y audiovisual, y un camino transitado desde la psicodelia hasta el rock progresivo y, por qué no, al rock sinfónico.
El cuarteto pretendía derribar las barreras entre arte y música y, luego de dar un paso delante de los happenings musicales que realizaban cuando aún pertenecían al under, sus shows lograron ser más que un recital gracias al despliegue teatral e histriónico que el espectáculo brindaba con luces, imágenes y utilería.
El grupo atravesó los clásicos estadíos de muchos colegas de la época: tuvo un muerto del rock en el placard, éxito y una final disolución con patéticos problemas legales. Sid Barret, uno de los fundadores de Pink Floyd, se desempeñó como principal compositor, cantante y guitarrista hasta que fue internado en un neuropsiquiátrico por su desmedido abuso a las drogas. Si, Pink Floyd sobrevivió a su ausencia, fue reemplazado por David Gilmour y quién tomó al cabeza de la banda fue Roger Waters...pero hay que volver a la oración anterior porque no se puede hablar de Pink Floyd sin mencionar a las drogas. A partir de la situación de Barret, el consumo de las mismas en el grupo se disparó mientras el mundo experimentaba el efecto de las drogas psicodélicas (especialmente LSD) que luego fueron consideradas como una de las características principales de la década del ‘60 y, Pink Floyd, uno de los mayores expositores de la definición de rock psicodélico.
Desde su creación hace casi 45 años en Cambridge, su actitud innovadora no ha sido cuestionada. Contrariamente, fue imitada en todo el mundo ya que su estilo reflexivo y sofisticado es aún un legado para muchos de la escena musical.
Pink Floyd perdura y sigue derribando barreras generacionales. Tanto adjetivo suena adulador, pero resulta inevitable no reconocer una obra transgresora perfectamente llevada a cabo por cuatro locos con la cabeza en los pies y los pies a unos centímetros de la tierra.

















